Localizada en el Sureste de Cáceres, la Denominación de Origen Miel Villuercas Ibores, conocida como apicultura de montaña por su situación geográfica, por el bajo rendimiento y la alta calidad de sus productos debe su nombre al conjunto formado por las comarcas de la Villuercas y el río Ibores.
LA COMARCA

LA MIEL

En esta zona de apicultores llevan muchos siglos aprovechándose de la flora autóctona, sin ejercer la transhumancia. Esta larga tradición y experiencia apícola se inició en colmenas rústicas, de corcho y tronco seco de roble o castaño, adaptado por el mismo apicultor a sus exigencias hasta que se conocieron otros métodos más modernos.

La comarca presenta un variado paisaje, con abundante vegetación que varía desde espesos bosques de castaños y perfumadas matas, robles, encinas y alcornoques, hasta matorral en las zonas de suelo pobre y pizarroso, con abundantes corrientes de agua. De accidentada topografía, la comarca se configura con la existencia de fuertes pendientes alternando en pocas ocasiones con terreno llano, todos los municipios se sitúan por encima de los 350 metros de altitud.

La orografía, la climatología, el tipo de suelo, la unidad cultural y sobre todo, un agua y na flora que no se conjuntan y equilibran en cualquier otro lugar, permiten observar una continuidad y homogeneidad clara en toda la zona protegida por la Denominación de Origen Villuercas Ibores; zona perfectamente delimitada del resto de zonas meíferas circundantes.

La miel la producen las abejas melíferas a partir del néctar de las flores o de las secreciones procedentes de las partes vivas de las plantas o que se encuentran sobre ellas, que las abejas liban, transforman, combinan con sus sustancias propias y almacenan y dejan madurar en los panales de la colmena. La miel con denominación de Origen Villuercas Ibores procede exclusivamente de las colmenas censadas en el Registro de Explotaciones de la Denominación de Origen, no pudiéndose desplazar fuera del ámbito geográfico delimitado por el Consejo Regulador. Los análisis melitopalinológicos realizados a petición del Consejo Regulador, evidencian que las mieles de Villuercas Ibores, proceden del alcornoque, argamulas, brezos, cantuesos, carquesas, castaños, encinas, espino albar, gamones, jaguarzo, jaras, querihuelas, quirolas, lentiscos, madroños, melera, olivillo, orégano, retamas, robles, sauces, torviscas, zarzamoras y otras plantas espontáneas y cultivadas en esta tierra. Todas ellas visitadas en sus diversas épocas de floración por las abejas, dan a estas mieles los sabores, aromas y colores que distinguen este sano y dulce producto. Las características de la miel varían en aroma y sabor según los parajes donde ésta se recolecta. Dos son los tipos de mieles que se producen en la zona monofloral y multifloral, que se envasan bajo la contraetiqueta de la Denominación de Origen.

La miel monofloral de retama es una miel de color ámbar oscuro con tonos rojizos, de aroma suave, dulce, agradable y penetrante y un olor específico y muy aromático. La miel de bosque, castaño, roble y encina son mieles de color rojizo oscuro, llegando al negro con reflejos verdosos, son mieles aromáticas y con un ligero toque amargo.

La miel multifloral, también conocida como "mil flores" crucíferas, leguminosas, borragináceas, umbelíferas, etc. posee un olor floral de intensidad variada. Su sabor es floral y de persistencia variable y color ámbar del claro al oscuro.

Las abejas buscan y recolectan sobre las plantas las materias primas necesarias para la supervivencia del enjambre y para la producción de la especie. El polen y el néctar son dos alimentos necesarios, y los dos únicos que ellas llevan a los enjambres. En las colmenas de abejas, hay obreras, zánganos y una abeja reina. Las abejas trabajadoras son las que abandonan la colmena para recolectar el néctar.

A partir de la succión del néctar de las flores, las abejas eliminan el agua y transforman los azúcares en miel. Ésta es recolectada en Junio cuando acaba el período de floración. Sin ningún otro tipo de transformación, la miel es recolectada y depositada en bidones y posteriormente envasada de forma artesanal. Una vez en la fábrica, los apicultores clasifican la miel según su color y sabor.

La miel de los bidones se licua para así poder filtrarla, tras lo cual pasará por un estricto control de calidad. Posteriormente es envasada en tarros de cristal, volviéndose a controlar su calidad.